Premio "Mi ciudad colonial",Trinidad-Cuba- Premio "Casatintas 2001".Miembro del T.F.L "Onelio J.C."

viernes, 29 de junio de 2012

"Orfandad común" Fragmentos...




Callejuelas confundidas en cada uno de los ausentes; así lo proclamé al permanecer sentado en aquel patio. La atención fija en las nubes, en la copa de vino que alguien me volvió a llenar; parece que tengo mucha suerte, sigo viviendo.
El  mundo da vueltas y cambia, en pocos años no habrá hombres y mujeres, solo personas. Parece genial. Costó mucho trabajo entenderlo. Tuvo que llegar la pequeña L y su comitiva de antaño, los mismos que hicieron del patio una zona neutra con espacio para sembrar las añoradas rosas amarillas, o aquellos girasoles como brújulas. No ponían resistencia en regar los canteros que fueron poblados por cada uno, de repente y a su gusto. El refugio que nadie vislumbraba, donde se confabularon las fechas, los cuerpos y abuela de mi corazón, que hacía infusiones de tila, manzanilla o lo que encontrara a su paso. Cuando todo tenía su sabor, y por supuesto su historia...
 

jueves, 28 de junio de 2012

"La espera" Fragmentos...

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                                                           Nunca imaginó que el paso del tiempo, fuera a reducirlo groseramente como una hoja seca de las que hay a montones por la avenida. Es extraño, pero todavía Marcos no se acostumbra a ver sus pupilas negras desde las sombras; desde un espejo que no le miente y le hace recordar que la enfermedad sin misericordia lo lleva de la mano hacia el polvo, porque sólo tiene 25 años y no hay nada que hacer.
 Abre sus manos cada mañana y susurra a las paredes palabras de aliento que tienten a seguir; pero es triste contemplar su mirada, incluso en aquel recinto repleto de libros y discos trovadorescos que se pierden por los rincones más posibles. Marcos, día tras día se debate entre el pesar más azul y la desesperación más tenue, aunque la vida continúa. Ya no importan las frases escritas en las paredes, ni los cuadros de Ponce o Fabelo; tampoco la dedicatoria de Alicia, que aún mantiene una rosa amarilla en el borde de la roída madera. Era tiempo pasado o perdido en una memoria sin fin, sin puerto...
Cada mañana indaga nuevos detalles sobre esta enfermedad, pregunta a desconocidos y no hay respuestas.-" Marcos, ¿dónde andas?", se repite infinidad de veces. -"La vida se me va conformando por una gran ausencia y no quiero".  Lo escuché cada mañana, cuando tenía que limpiar las habitaciones del hospital, sentía su miedo. Al parecer está a punto de quebrarse cuando siento pasar las horas, cuando siento que la soledad ya no puede desplazarse de aquella habitación blanca, donde su madre narró infinidades de leyendas que resuenan aún por las paredes. Hace tiempo que no viene a visitarle, no lo entiendo, pero la vida me ha enseñado que no hay que condenar sin escuchar la realidad de todas las partes. Marcos nunca entendió  por qué le tuvo que pasar a él, y frente a esto yo no tuve respuestas. Observo una foto descolorida de Marcos, en la que aparecía de pequeño con una sonrisa borrosa, no por el tiempo pasado; sino por la falta de dientes y las ganas de reír, por supuesto.
Al tiempo regresaría a mi hogar, a mis costumbres familiares; pero claro nada volvería a ser como antes, años perdidos en laberintos inconclusos, nuestra isla de Cuba seguía de un verde insospechado. Con sus mismas callejuelas de piedras, sus antiguas casas coloniales, sus tejados; pero algo diferenciaba. Marcos se veía en el espejo como un hombre maduro a pesar de ser tan joven, una contradicción, y el hecho de abandono no radicaba en el perdón de las cosas. Su madre de repente fue un ser desconocido y nada pudo hacer.
Ahora pasan los días, sumergiéndole en calores intensos por la fiebre, delirando el aroma de las hierbas amargas. Perdiendo lo que pudiera florecer o recordar. Mientras los gestos a la intemperie, conmovían el rostro más duro sin lograr detener lágrimas en la tarde. La que se inclinaba al tedio y al cansancio de horas sostenidas en pie, al acecho de síntomas que no acaban, no llegan al silencio...

martes, 26 de junio de 2012

"Blanco silencio que cae nuevamente" Fragmentos...




     
                                        A esta altura de las cosas y los años, Judith se atreve a compartir con él las palabras que nunca dijo o no tuvo tiempo de expresar. Escribe en el mismo mes de Noviembre cuando lo conoció, y de ahí parte el triunfo, los demás no pueden entender. Ni tan siquiera llegar a un razonamiento lógico que les brinde una pista para desandar donde quedaron las huellas. Días misteriosos, meses en que todo el mundo andaba por la pendiente con muchas ganas de llorar o escaparse con balsas que no llegarían a la vuelta de la esquina.
Ella le conoció una tarde, tuvo tiempo para enajenarlo con sus manías y de verdad necesitó a fondo un abrazo profundo, aquella caricia que los confundiera en una sola muerte. Le mostró los libros más queridos, la música de cada ocasión en que la tristeza se vuelve como un arma secreta para rendirlo. El rincón de las plantas, la esquina del pequeño bar, trampas abiertas para que no la dejara sola.
Hoy con las fronteras interminables de la nevada, suelta sus ganas, necesita volverlo a sentir. Aunque solo fuera por esta vez, en que no puede escapar del apartamento sino tiene papeles y las ventanas de cristal la envuelven como una manta. Tanto frío, no vale la chimenea ni el ron encima de la alfombra. La tenue luz de la sala, realza aquellos cuadros que no pudo abandonar a la suerte de otras manos cuando se marchó de la isla. Se siente sola, desvanecida si nadie la aprieta el cuerpo, aplastada por el espacio de la casa, por cada objeto inanimado. La madera cede al fuego lento, le recuerda aquella noche de artificios cuando las lágrimas asediaron su cara y ya el año terminaba para acercarse al momento de decir basta, sin tener una relación amorosa, soledad firme como la estaca que no hay más`ná...







miércoles, 20 de junio de 2012

"Dilema del agua por todas partes" Fragmentos...

                                                                     
                                                                        I
Ella observa el cielo con desesperación, no solo porque acabe de caer alguna estrella, sino por el frío de la noche, que le agrietará la piel si se descuida: "Imagino que soy monotemática con la cuestión del deseo por cumplir, ya me duele esta posición y nada, todavía nada..."
Quiere recordar, es una manera de encontrarse al menos. Por eso no se resiste para volver allí, escucha las viejas canciones, divaga entre el pasado y lo incierto del futuro.
Serían las cinco, el calor golpea las paredes y todo su cuerpo que interroga frente al espejo. Detiene sus manos en el aire para balancearse con los ojos cerrados. Roza la piel por la cintura, necesita la lluvia. De las piernas brota un raro olor. Empieza despacio por evocar los miércoles en que lo encontraba como un desalojo de la memoria, perdido en lo infinito de los razonamientos. Y es que nunca comprendió porqué él se enredaba tanto...


                                                  II

Ella parecía luchar siempre contra el verde de la isla, añoraba un simple otoño. A su mente llega la avenida que recorrió tantas veces. Ahora no existe, hicieron un supermercado. En realidad nunca quiso volver, muchas lágrimas, demasiado para su gusto. Esos árboles fueron parte de su vida, en todo lugar el jodido verde; allí las hojas cambiaban de color, hasta caían en la época de lluvia y de ciclones cuando caminaba despacio, con aquella tristeza y el agua interminable por los huesos.
No sabe si echarle de menos o alegrarse porque no está. Al final uno se acostumbra a cualquier cosa. Abre la ventana para que entre la lluvia, ya es casi la hora, él siempre llega después de la cinco y empieza el mismo ritual, solo que ahora regresa con otra mujer y una cámara de vídeo. Estaba cansado por la misma rutina de todas las semanas...

                                                       III
Está en los límites, no sabe cómo reaccionar. Ya le duele todo el cuerpo. "¿Qué pasa? Te preocupas por tan poca cosa", dice alguien que no recuerda.
"¿Qué pasa?", se pregunta. Y la respuesta recae en la insistencia de la memoria, el tiempo ha pasado pero no acaba de adaptarse al cambio. No es fácil seguir reflejando en el mismo cuarto diversas imágenes en un espejo que no le pertenece.
Rebusca alguna forma en aquellas paredes apuntaladas de humedad y silencio. Un silencio cortado por la música, por los acordes del piano vecino de aquel de aquel señor triste, gordo, y ajeno a la quietud. Por quebrantamientos en el tejado de los gatos, por toda esa locura que añora y aborrece. Aunque fue la única en llenarse de valor para esperar el momento preciso...

                                                
                                                  IV

De qué vale tanta memoria, si siente un silbido lejano. Los días acentúan su ausencia como una pequeña mancha en la pared. Ya está cansada de salvaguardar su memoria. Es imposible reconocer que nada espera ya...

sábado, 16 de junio de 2012

"Un día más" Fragmentos...

                                

                                
             Camino despacio y nadie me saluda, es extraño que todos sigan como si nada hubiera pasado, pero estás lejos, mi pequeño del alma, distante, no te puedo alcanzar. Los recuerdos se van confundiendo con los atardeceres, por eso necesito el adiós. Cansa que los amigos piensen que estoy loco, si te sigo esperando. Ya son muchas noches sin dormir, muchas velas en el suelo de mi cuarto, muchas frases en las paredes para no decir basta.
Camino despacio por las calles de piedras, tengo que llegar al río cuanto antes. Apresuro los pasos, reconozco no creer en las botellas con mensajes, aunque algo se me tiene que ocurrir antes de la despedida. Es difícil decir adiós si no estás, porque vuelve tu sonrisa, tus fuertes abrazos en las noches, ese ansia de tener siempre la razón. Y me derrumbas...